jueves, 4 de noviembre de 2010

LA GRAN LECCIÓN AMERICANA.

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Por Zoé Valdés


Noviembre 3, 2010
Una vez más América, tal como se le llama a los Estados Unidos en Europa, ha dado una lección al mundo, una lección de democracia, de vigor y de modernidad. Cuando parecía que los Estados Unidos de América se iba a pique bajo cambios, sí, cómo no, cambios que los europeos ya conocen, luego de haber vivido unas cuantas guerras, de haber soportado el fascismo y el totalitarismo, de haberles ganado no sólo durante la guerra, además durante las secuelas que dejaron, cambios que conocemos también los cubanos, cambios peligrosos que conllevan a la destrucción de la democracia y a la imposición del totalitarismo; cuando todo parecía que se iba al garete, las elecciones americanas y el Tea Party salvaron la situación. Y es que la unidad de los americanos, cuando ven peligrar su libertad, es ejemplar, resulta más fuerte que cualquier mediatinta estropajosa que promete, promete, y sólo cumple con y en el infierno de las utopías, los totalitarismos y los fanatismos religiosos.

Ayer estuve sentada frente al televisor viendo un canal que daba en vivo las elecciones hasta la madrugada. Sentí una gran emoción cuando se refirieron al político Marco Rubio. Los comentaristas franceses aseguraron que sería el próximo presidente de Estados Unidos, que tenía una carrera bastante limpia, y que el tipo era el Obama o el Kennedy del Tea Party. Esas comparaciones gustan a los franceses. Marco Rubio es él mismo, hijo de exiliados, orgulloso de serlo. No habla de ser un inmigrante. No, él es un exiliado, y lo subraya. Un americano verdadero, hijo de exiliados cubanos. Un hombre que habla claro y firme. Lo mismo saca lágrimas a su auditorio que carcajadas. Toca hondo, en el alma y en el pensamiento de la gente, y no sólo de los cubanos, de todos los americanos que votaron por él. Esperemos entonces que nada se tuerza en el camino.

Con Marco Rubio, por fin, llega a los exiliados cubanos el reconocimiento verdadero a nuestro dolor. Es el resultado de un camino que empezaron los Díaz-Balart y Ros-Lethinen, pésele a quien le pese. Marco Rubio tiene un “plus”, lleva la tragedia como una enseñanza, su herida, la herida de sus padres es su virtud, está en el origen de su aprendizaje, aunque no dependa sólo de ella.

Con la nueva reestructuración de América, Barack Obama lo tendrá duro en las presidenciales y durante el tiempo que le queda como presidente. Es la lección que le han dado los americanos a su pretensión, a sus enjuiciamientos, a esos cambios que sólo pronosticaban el horror.

El terrorista prefabricado a última hora, las bombas desde Atenas enviadas a Sarkozy, a Merkel, a Berlusconi, y la tensión en el país griego, tendrán que ser seriamente investigados. Y no será ningún país ajeno a los que poseen siglos de poseer cuerpos de investigación eficaces los que se ocuparán de dar información sobre el terrorismo. ¿Cómo un presidente norteamericano va a confiar en las informaciones de Arabia Saudí antes que en las del FBI?

Por otro lado, han bastado dos años de mandato de Barack Obama, para que los americanos vuelvan a ser lúcidos, menos mal, y se despojen del síndrome del vedettarismo.

Ayer también, el periodista y director de ABC, Ángel Expósito, argumentaba que la lección que América le estaba dando al mundo, sobre todo a España, era muy intensa, y clara. Habría que ver lo que sucedería si en estos momentos se organizaran elecciones al nivel de las de Estados Unidos. A diferencia, claro está, que el PP español no tiene entre sus filas ni a medio Marco Rubio, por sólo poner un ejemplo.

Porque el PP es un partido acomplejado de ser de derechas, y se sitúa cada vez más en una izquierda de café con leche que en el centro derecha que es como comenzó Mariano Rajoy. Al PP le hace falta un Tea Party.

En el momento en que anunciaron que Marco Rubio ya era senador por La Florida se notó la emoción, aunque contenida –comme d’habitude- de los comentaristas franceses. No sólo es hermoso que un americano, de origen cubano, orgulloso de ser exiliado ganase, es una realidad de aquel país, que hace dos años votó a un afroamericano como presidente, sea un país que reconoce y rectifica, sin temor, que pone la verdad sobre la mesa, y se aclara las ideas. Y esa verdad contiene cifras, argumentos, y no alharaca y palabrería barata.

Por otro lado, la caña se le pone a tres trozos y el mambo más gozoso que nunca, a aquellos que confiaron en una reelección de Barack Obama, poco probable en un futuro, desde el momento en que los republicanos han retomado el poder. Para nadie fue un secreto que esta administración se acercó a los Castro con admiración, con concierticos por la paz, en lugar de llamarse conciertos por la libertad o de continuar creando medidas extremas y urgentes en contra del castrismo, como pudiera ser la exigencia de un tribunal internacional con el fin de juzgar a los Castro, por crímenes contra la humanidad; no, los obamunistas siguieron con el intercambio de artistas, y promesas por debajo del tapete, más promesas de flexibilización del embargo, lo que se llevó a cabo, las mismas promesas del we can que tanto regocijaron y le mojaron las chancleticas a los promotores del raulismo light y del socialismo del siglo XXI, a los que incluso se atrevieron a proclamar que Raúl Castro es un neoliberal, ¡en Twitter! Los que en definitivas están preparando la sucesión entre los hijos de los castristas, y que los cambios sólo fluyan en un torrente sanguíneo que los moje a ellos, y no como debería ser: Justicia, primero. Seguido de libertad, vida y democracia.

América ha dado una gran lección, una vez más; esperemos que los republicanos que han sido elegidos sepan apreciar a sus votantes, no los defrauden: creando empleos, más libertades, luchando contra el terrorismo y contra la ocupación del pensamiento y de la política por las religiones y el fanatismo, y además ocupándose de la libertad de los cubanos, que hace rato debería estar, de manera real, en la agenda de un presidente americano, que respete lo que representa verdaderamente América para el mundo: Democracia y libertad.

Espero que los Castro hayan estado pegados a la pantalla de la televisión, observando el triunfo de Marco Rubio, viendo la clase de hombre que perdió Cuba, por culpa de ellos. Espero que hayan visto el fruto de una familia a la que ellos quisieron destruir, y no pudieron.

Con Marco Rubio, la era Castro acaba de extinguirse. La estirpe asesina ha sido arrancada de raíz con la imagen y el quehacer político de un hijo de honestos exiliados.


Cortesía de La Curra de Cuba

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