miércoles, 29 de septiembre de 2010

Mirian Acevedo




El Libro de Oro de la Televisión Mirian Acevedo como aparece en «El Libro de Oro de la Televisión». “Mirian Acevedo. Nació el 2 de Enero de 1930 en Güines, Habana. Posee el título de Bachillerato. Comenzó su carrera artística en la compañía infantil de Rivera Baz a los tres años de edad. Ha actuado en MIL DIEZ, RHC, CMQ y en los principales teatros de la capital y el interior con distintas compañías de teatro. Actualmente trabaja en el Canal Dos de TeleMundo. Color del pelo: Rubio. Color de los ojos: Claros. Pesa 110. Mide 5.5". Su hobby es Ninguno. Deporte favorito: Natación. Su signo Zodiacal: Capricornio. Le gusta la música Selecta.” En un esfuerzo de compensar por el deterioro de los años que este libro tiene, hemos efectuado técnicas de restauración en la foto de Mirian Acevedo en esta página. Presentamos el texto lo más fiel posible a como aparece en nuestra copia de “El Libro de Oro de la Televisión”.

Todo vuelve al principio. Una entrevista con Myriam Acevedo

January 29, 2009 ·

Una de las más grandes actrices del teatro cubano de todos los tiempos me ha escrito hace poco para decirme que había visto lo que escribí en Penúltimos Días sobre una vieja amiga suya, la compositora y guitarrista Ela O’Farrill. Después de muchos años sin noticia una de otra, las puse en contacto vía email. Por supuesto, no perdí oportunidad para solicitarle a Myriam la siguiente entrevista.

Myriam, ¿qué es lo que más recuerda de Güines, su pueblo natal?

Yo nací en Güines, pero me llevaron para La Habana a los 7 meses de nacida. Siempre lo consideré un punto de referencia importante en mi vida. Al menos cuatro veces al año mi familia iba a Güines. Para mí cada viaje era una fiesta porque por el camino se compraban torticas de morón, mantecadas y llegar a Güines era todo un evento. Estábamos dos o tres días en casa de la familia de mi padre, porque muchos todavía vivían en Güines. Era un ídolo en el pueblo, y a veces se organizaban funciones en los teatros para que yo cantara.

¿Qué recuerda del dúo Anoland y Myriam? Alguna vez leí que Anoland era la madre de Rubén Blades. ¿Ella era cubana o panameña residente en Cuba?

Comencé a cantar desde que tenía dos años de edad, y a los tres años y medio me presenté en el Teatro Nacional cantando la canción “Enamorada”. Después pasé a diferentes compañías infantiles, siempre como cantante. Era lo que se decía una niña prodigio. Me presenté en La Corte Suprema del Arte como cantante y gané todos los premios. Anoland Díaz era también una niña excepcional. Desde pequeña tocaba el piano de afición como una verdadera profesional, era el asombro de todos. Ella cantaba con voz de soprano, yo de contralto infantil. Y al dueño de la CMQ se le ocurrió que nuestras dos voces podían hacer un dúo perfecto. Se llamó “Myriam y Anoland, el dúo perfecto”. Anoland era cubana y era muy jovencita cuando se fue para Panamá con su familia.

Como sus inicios fueron musicales, todo parecía indicar que iba a ser cantante. ¿Le fue difícil escoger entre la canción y el teatro?

Cuando entré en la adolescencia no quise cantar más. Comencé a estudiar bachillerato y ese mismo año ingresé en la Academia de Arte Dramático, para estudiar teatro. Seguí cantando, entre amigos, y la música fue siempre una pasión. Pero decidí dedicarme completamente al teatro. En los años 60, cuando regreso a Cuba después de cinco años en New York, donde estudié y actué en inglés, Rogelio París me propone volver a cantar. Y así comencé a cantar de nuevo, acompañada por la guitarra. Froilán fue uno de mis guitarristas. Nunca escogí entre el teatro y la canción. Creo que dos amores pueden convivir.

¿De quién fue la idea de compartir escenario en El Gato Tuerto con Virgilio Piñera?

Yo convertí El Gato Tuerto en un teatro-cabaret, donde cada semana tenía lugar un espectáculo distinto. Mi marido Jorge Carruana y yo, creábamos y dirigíamos esos espectáculos. Jorge era pintor y cineasta. Y se nos ocurrió hacer un programa con Virgilio Piñera, donde yo cantaba y Virgilio declamaba sus versos. Este programa con Virgilio duró dos semanas, fue una verdadera revolución. Todo esto lo explico en mi libro, en un capítulo que he titulado “La conjura contrarevolucionaria del Gato Tuerto… y Virgilio se puso verde”.

En el post titulado Del ‘políticamente correcto’ 1968 cubano alguien me dejó este comentario anónimo: “Silvio Rodríguez nunca estuvo en la UMAP (…) Pablo Milanés sí, y fue Miriam Acevedo, quien por aquella época tenía influencia con algunos ‘pinchos’, la que pudo liberarlo del susodicho escarnio. Pablo se escapó de la UMAP y se le apareció a Miriam en El Gato Tuerto, donde ella en los años 60 hacía sus inigualables performances. ¿Es cierto lo que este lector contó?

Sí, en parte es cierto. Silvio Rodríguez nunca estuvo en la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción). Pablo Milanés junto con Ricardo Barber, un actor de teatro, ambos amigos míos, fueron llevados a la UMAP y encarcelados en aquel campo de concentración. Ricardo me escribió un telegrama que decía: “Si no me sacas de aquí me suicido”.
Di la voz de alarma, y en la Unión de Escritores y Artistas se formó una comisión de diez intelectuales, entre ellos yo, para discutir el problema de la UMAP con el Ministro de Cultura. Ni ese primer intento ni ninguno de los posteriores dieron resultado. Entonces Ricardo y Pablito planean la fuga y se escapan de la UMAP, en Camagüey.
Recuerdo que estaba cantando en El Gato Tuerto cuando veo aparecer el “fantasma” de Pablo Milanés, a quien yo hacía en la UMAP. Pero no, Pablito estaba allí, mientras yo estaba cantando su “Ya ves, yo sigo pensando en ti…” A Ricardo lo tuve escondido tres días en mi casa. Pero tanto Pablito como Ricardo tuvieron que entregarse y volver a la UMAP.

Usted y Ela O’Farrill fueron dos artistas imprescindibles en La Habana de los 60 y juntas coincidieron en El Gato Tuerto, donde si no me equivoco también actuaba César Portillo de la Luz…

Ela O’Farrill era una gran amiga mía. Ela y Portillo de la Luz actuaban en El Gato Tuerto, pero no en mi programa.

¿Conoció a La Lupe y a Freddy?

Sí, ambas eran cantantes excepcionales. La Lupe era fascinante. A veces me escapaba del Gato para oírla cantar en su nigthclub y ella hacía lo mismo conmigo.

Si tuviera que escoger al grupo teatral que más influyó en su carrera, ¿con cuál se quedaría?

Para mí siempre ha sido difícil hacer elecciones. Prefiero mencionar a los grandes maestros del teatro, de quienes todo lo he tomado: Stanislavski, Brecht, Meyerhold, Luca Ronconi…

De las obras interpretadas, ¿cuáles escogería?

Las obras que han dejado grandes huellas en mi carrera han sido Las Criadas, de Jean Genet; La noche de los asesinos, de José Triana, y Calderón, de Pier Paolo Pasolini.

De los premios y reconocimientos recibidos a lo largo de su carrera, ¿cuál es el que más la ha emocionado?

En 1952 recibí en La Habana el Premio Talía de Teatro, por mi actuación en la comedia americana Un nuevo adiós. Me emocionó el hecho de haber sido galardonada por una comedia, cuando por unanimidad casi todos los directores de teatro me encasillaban como actriz dramática. Esa comedia la dirigió un director americano.
El otro reconocimiento que me emocionó fue el Premio Ubu, que en 1978 me dieron en Italia por mi interpretación como actriz coprotagonista en el Calderón de Pasolini, dirigida por Luca Ronconi.

¿Por qué decidió abandonar el país en 1968?

Una revolución es siempre un cambio radical, y todos recibimos a aquellos barbudos con collares al cuello con un entusiasmo unánime. Al fin veíamos realizado un sueño. Desde el principio se comenzaron a ver desmanes e injusticias, pero decíamos: “obedece a errores propios de una revolución incipiente”.
Una de las cosas que más me tocó fue la introducción de los campos de trabajos, camuflageados como “ayuda a la producción”, que eran verdaderos campos de concentración. Los casos de injusticia que podían considerarse aislados fueron convirtiéndose en masivos a todos los niveles. Pero yo siempre pensé que las cosas podrían cambiar, que hombres iluminados podrían cambiar el curso de la historia. Eso esperé siempre.
Y así decidí salir del país con un permiso de cultura para actuar en el extranjero en 1968. Si las cosas cambiaban, yo volvería. Hoy, no solamente no han cambiado, sino que Cuba es una ruina, como dice el rey Ubu de Jarry: “No destruiremos todo hasta que no hayamos destruído también las ruinas”.

Hay artistas que ni las censuras ni los regímenes totalitarios pueden ocultar. Uno de esos casos es el suyo, y por ello medios oficiales cubanos siguen teniendo a Myriam Acevedo como referencia cuando escriben sobre actuaciones memorables en la escena nacional: La ramera respetuosa, Santa Juana de América, La noche de los asesinos

No sé si cuando hablas de mí como referencia en los medios oficiales cubanos te refieres al momento actual, porque en Cuba, desde que me fui, pasé a ser “la innombrable”. Si ha habido un cambio, lo ignoro.

Por lo que he leído en Internet, Myriam, parece que ha habido un cambio, al menos con relación a su trayectoria profesional. Vale la pena hacer un paréntesis y reproducir algunas de las menciones encontradas.

En “Flora en sucesivas fundaciones” (La Jiribilla, 21.1.05), a raíz del Premio Nacional de Teatro 2005, Amado del Pino entrevistó a su ganadora, la actriz Flora Lauten. Entre otras vivencias, Flora recordó: “La Noche de los Asesinos fue uno de los momentos más importantes de mi vida como actriz. El equipo más joven, Ingrid González, Adolfo Llauradó y yo, debía medirse con el otro elenco que ya eran monstruos en cuanto a nivel artístico: Miriam Acevedo, Ada Noceti y Vicente Revuelta. Fue una relación intensa y muy creativa, sin competencia malintencionada ni rivalidades tontas. Por ejemplo, Miriam me decía: “Me gustó lo que hiciste con el plumero para autoflagelarte. Lo voy a incorporar”.
En “Sartre vuelve a las tablas en Cuba” (Trabajadores, 1.9.05), Mercedes Santos Moray escribió: “Una joven actriz, Yailene Sierra, asumirá el personaje protagónico que en la mayor de las Antillas, había sido incorporado por actrices del calibre de Chela Castro y de Miriam Acevedo, en las décadas de los años 50 y 60″.
En la introdución al libro Te doy una canción (Ediciones Temas de Hoy, La Habana, noviembre de 2006), Silvio Rodríguez rememora: “De la diversa Habana nocturna de entonces, alcancé a disfrutar del incomparable Bola de Nieve, de Teresita Fernández -maestra devenida trovadora-, y de las fugaces apariciones de una carismática actriz que cantaba textos de poetas como Virgilio Piñera, llamada Miriam Acevedo”.
La última cita. En “El arte no tiene patria, pero el artista sí” (Alma Mater, 24.11.08). En una parte de la entrevista que Hilario Rosado Silva le hiciera a Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba, éste confiesa: “Siendo hijo de campesinos, tuve sensibilidad para las artes y vibré (…) cuando escuché lo Negro Spirituals en la voz viva de Marian Anderson; vi el trabajo de Jean-Paul Sartre, que vino a La Habana y con la actriz Miriam Acevedo montó La Ramera Respetuosa”.

Pese al tiempo, la distancia y las diferencias ideológicas, reconforta descubrir que en su patria Myriam Acevedo no ha sido olvidada del todo. Ojalá cunda el ejemplo y tantos y tantos cubanos exiliados dejen de ser considerados”traidores”, “desertores” y “apátridas” por el establishment castrista. A propósito, Myriam, ¿ha vuelto a Cuba?

No, no he vuelto a Cuba. Desde que estoy en Italia he luchado con los compañeros del Partido Radical italiano y con el Comité Italiano por los Derechos Humanos en Cuba, dirigido por Laura González, para tratar de restablecer la democracia en mi país.
Estoy escribiendo un libro donde yo no seré la protagonista, sino mi madre. Una gesta familiar que se extiende más allá de mi paisaje, donde todo vuelve quizás al principio, para volver a empezar. Son los amigos, los de antes, los de ahora, los de siempre, los que me ofrecen el privilegio de estar conmigo y de darme tanto de ellos. Eso es lo que también espero de los amigos más jóvenes allá en la Isla.

Muchas gracias, Myriam. Por su tiempo y su amabilidad.

Tania Quintero
Lucerna

Fotos: Pedro Portal.

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