miércoles, 6 de octubre de 2010

Enrique Labrador Ruiz



Nació el 11 de mayo de 1902 en Sagua la Grande, provincia de Las Villas, y murió el 10 de noviembre de 1991, en Miami. De formación autodidacta. Se inició en el periodismo. A los 16 años comienza como corresponsal de periódicos de La Habana en el pueblo de Cruces y en 1919 fue corresponsal de El Sol de Cienfuegos, en donde atendió la sección "Pasavolantas". Según Elio Alba-Buffil "... Al trasladarse El Sol a la capital de la república, el 23 de diciembre de 1923, el joven Labrador que apenas había cumplido los 21 años viajó a La Habana en el tren donde rotativo y personal eran trasladados". Empieza, a partir de este momento, a colaborar con diarios y revistas de la capital en los que permanecerá a lo largo de su vida. Entre ellos podemos mencionar: (nacionales): Mundial, Chic, Noticias de Arte, Social, Revista Cubana, La Gaceta de Cuba, Espuela de Plata, Orígenes, Bohemia, Habana, Carteles, Gaceta del Caribe, Revista de la Biblioteca Nacional, Alerta, El Debate, Información, Diario de la Marina, Pueblo, El País, Hoy, El Mundo; (extranjeras): Américas (EE.UU.), Atenea (Chile), Babel (Santiago de Chile), Boletín de la Biblioteca Nacional de México, Claridad (Buenos Aires), El Imparcial (Guatemala), Fábula (Argentina), El Mercurio (Santiago de Chile), El Nacional (Caracas), Repertorio Americano (San José, Costa Rica), Revista de la Biblioteca Nacional (San Salvador), Revista de Indias (Bogotá),Universidad de Antioquia (Medellín, Colombia), et. al. Instalado rápidamente en el mundo intelectual de su época, Labrador emprende la cruzada de retar el aletargamiento de las letras cubanas, adocenadas al telurismo.

Es así como surgen las que llamó "novelas gaseiformes": El Laberinto de sí mismo (1933), Cresival (1936) y Anteo (1940). Las "gaseiformes" constituyen el momento rupturista con nuestra tradición relatoria. Es la década en que comienzan a consolidarse las necesidades transgresoras del narrar, con la experimentación de la prosa vanguardista en Alejo Carpentier (Ecue-Yamba-O (1933)) y Lino Novás Calvo (El Negrero (1933)). La "estética personal" de Labrador Ruiz , fuertemente influida por el Modernismo y por la literatura europea e iberoamericana avantgarde, hace de los prólogos a Cresival y Anteo, y de muchos de sus artículos, verdaderos programas de renovación, en donde puntualiza aspectos medulares de la novela moderna. En su trabajo "Notas en torno a una personal estética", publicado en Universidad de Antioquía (No. 44, :615-617, feb-mar, 1944), dice:
"... podría decirles que para crear de esta forma me he apoyado tan sólo en las aristas de una realidad profundamente táctil a mis sentidos; aristas ocultas y vibrátiles, apenas sensibles a la mordedura de una pluma lerda o esquiva, ya que me inclino por lo común hacia lo que ha sido menos fácil de registrarse en un pulso que se gobierna bajo el acicate de lo transitorio, lo huidizo y lo desatado ... Y todo ello en razón de que me es muy caro el mundo que me rodea; que amo ese mundo contradecido y fatalista cuya apretada urdimbre nos envuelve en una perpetua atmósfera de angustia; que soy parte de esa atmósfera, y que estoy siempre en vena de analizar en él hasta aquello más difícil de ser ocultado de su destino colectivo (...)".

Autodidacta, periodista, uno de los fundadores del Pen Club en Cuba. Recibió el premio periodístico Juan Gualberto Gómez en 1951. Viajó por América, Europa y Asia. A excepción de Grimpolario (1937), toda su obra es de narrador y prosista. Sus «novelas gaseiformes» (El laberinto de sí mismo, 1933, Cresival, 1936, y Anteo, 1940) se caracterizan por la angustia existencial, la búsqueda de lo inaprensible y el estilo divagatorio. Se les ha señalado el influjo surrealista, pero lo onírico que hay en ellas se entrelaza con recuerdos e ideas personales, diluidos en lo que el autor llama «un gas de novela». El reverso crítico de su obra se halla en Manera de vivir (Pequeño expediente literario), 1941, donde ataca la narrativa de tendencia costumbrista y defiende su aspiración a lo universal; y en Papel de fumar (Cenizas de conversación), 1945, que recoge en ágiles diálogos sus observaciones satíricas sobre el mundillo literario.

En 1946 obtuvo el premio nacional Hernández Catá con su cuento Conejito Ulán, incluido en la serie de «novelines neblinosos» titulada Carne de quimera (1947), a la que siguió Trailer de sueños (1949). Después de estos libros, anuncia una nueva modalidad de su obra, las novelas «caudiformes», de las que sólo ha publicado La sangre hambrienta (1950), premio nacional de novela, reimpresa en México en 1959. Es ésta su mejor realización, por la madurez del estilo, impregnado en la fantasía del habla popular, y por la fina recreación del ambiente y los personajes pueblerinos. A la misma línea pertenece su mejor colección de cuentos, El gallo en el espejo (cuentería cubiche), 1953, reeditada en México (1958) y en el primer festival del libro cubano (1959). La Universidad de Las Villas le publicó en 1958 una colección de semblanzas, El pan de los muertos, entre las cuales destaca su evocación del pintor Fidelio Ponce.

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