lunes, 1 de noviembre de 2010

Cristina dice adiós


Cristina Saralegui habla sobre el cierre de su contrato con Univisión.

Por SARAH MORENO
smoreno@elnuevoherald.com

Durante muchos años, Cristina Saralegui pensó que sería el público el que decidiría cuánto tiempo permanecería frente a las cámaras. Hoy, al hacer un balance de sus 21 años como conductora y productora ejecutiva de El Show de Cristina, cuya última emisión será la noche de este lunes a las 10, Saralegui reconoce que estaba equivocada.

"Yo solía decir: ‘Voy a estar aquí hasta que me aburra o hasta que ustedes se aburran de mí'. ¡Pero qué boba fui! La televisión no la programa el público, sino los ejecutivos, las compañías y, sobre todo, los anunciantes'', reconoció la presentadora cubanoamericana en una exclusiva con El Nuevo Herald, en su casa de Pinecrest.

El índice de audiencia de El show de Cristina se encontraba en buen estado: medía más de 19 puntos, cuando Saralegui fue citada, en agosto, a una reunión. A la cita acudieron César Conde, presidente de Univisión Networks, y otros ejecutivos de la cadena, a quienes "sólo había visto dos veces en mi vida en fiestas sociales''.

"Me preguntaron: ‘¿Hasta dónde quieres llevar el programa, porque ya llevamos 21 años en esto? ¿Qué te parece si lo dejas, ahora que está con los ratings altos?' Y le dije a Conde: ‘¿Tú me estás botando?' '', contó Saralegui en su habitual estilo directo.

En esa ocasión, le ofrecieron conducir especiales de la cadena en fechas señaladas, lo que hasta el momento no se ha concretado.

Entre los motivos para la cancelación del programa, que Salaregui califica como "un capricho de gente que no sabe lo que está haciendo'', se ha mencionado la edad de la presentadora, de 62 años. Esta especulación se ha reforzado con el reconocimiento público de la cadena de que busca atraer a la audiencia joven.

"Puede que no sólo sea por vieja sino también por bocona, y en especial por haber tenido el control creativo absoluto de mi programa, que ha sido una patada en el estómago a todos los programadores con los cuales me ha tocado trabajar'', sugirió como explicación Saralegui, negando que tenga intención de hacer una reclamación legal contra Univision, "aunque piense que una de las razones de la cancelación del programa pueda ser la de mi edad''.

Si bien Saralegui siente dejar atrás una etapa de su vida, en la que reconoce que lo más doloroso fue dar la noticia a su equipo de trabajo, por otra parte celebra "la libertad'' que disfrutará cuando se venza su contrato con Univisión, el 31 de diciembre.

"Este va a ser el último show de Cristina en Univisión'', precisó, indicando que no tiene intención de retirarse de la televisión y que de seguro recibirá propuestas de otros canales.

Sin embargo, no las considerará de inmediato porque su prioridad es apoyar la colección Casa Cristina, que en octubre lanzó cinco juegos de ajuar de cama y de baño con las tiendas Sears y K-Mart.

"Me siento como niño chiquito con juguete nuevo, muy entusiasmada con lo que va a pasar'', expresó, contenta de volver a desplazarse hacia otras ciudades para promocionar la línea.

"Me encanta la idea de viajar porque hace mucho tiempo Univisión no nos daba presupuesto para ir a visitar a nuestra gente como hacíamos al principio. Se lo daban a otros presentadores, pero no a nosotros. Yo nunca pregunté, porque no me iba a pelear con quien me daba de comer'', comentó.

Casa Cristina, que creó en el 2004 con su esposo y manager, Marcos Avila, se inspira en la herencia cultural y familiar de Saralegui. La colección de ropa de cama y baño Floreal, que imita los vitrales de las catedrales, nació en un viaje de la pareja por España. Y la colección Mantilla, con detalles en encaje negro, se basa en un vestido que usaba la mamá de Cristina --ya fallecida-- en ocasiones especiales.

"Yo me ponía unos tacones y me probaba el vestido, que me pisoteaba de tan largo. Me sentía como una reina, que así era como veía a mi mamá'', recordó Saralegui, que salió de Cuba en 1960, con 11 años.

Su carrera profesional comenzó en la revista Vanidades, donde escribía antes de graduarse de periodismo en la Universidad de Miami. Más tarde llegó a ser directora de Cosmopolitan, y creó su propia revista, Cristina, que cerró en el 2005. Al triunfar en el mundo editorial, seguía los pasos de su abuelo, Francisco Saralegui, un inmigrante vasco que en Cuba creó una gran empresa de publicaciones que se vendían en toda América Latina.

Su experiencia en televisión que incluyó grabar a diario y durante 16 años El show de Cristina, le permitió ganar 12 premios Emmy. "Con mi programa pude educarme y educar mucho. No me avergüenzo de nada de lo que he hecho en televisión, porque en ésta vale tanto bailar un mambo, como hablar del sida o de los niños muertos en la frontera'', comentó, agradeciendo a sus invitados por compartir sus problemas en cámara para ayudar a otros.

"Son las personas comunes y corrientes, no quienes vienen a vender discos, las que más te enseñan'', añadió Saralegui, que se siente más sabia y lista para ser abuela por segunda vez, en diciembre.

En cuanto a los cambios en Univisión, que incluyen la salida de otra veterana presentadora, Ana María Canseco, de Despierta América, especuló: "Puede ser una estrategia presupuestaria, ya que el talento veterano tiende a tener un sueldo más alto que alguien que esté en sus comienzos''.

"La gente al final es quien decide lo que quiere ver. Si los ejecutivos supieran el poder que tiene el público, y que es tan simple como cambiar el canal'', afirmó Saralegui que esta noche tendrá invitados a estrellas asiduas del show como Fernando Colunga, César Evora y Gloria y Emilio Estefan.
El Nuevo Herald

VIDEOS DEL SHOW DE CRISTINA

Gardenias...






Alejandro Fernandez y la Sonora Santanera

sábado, 30 de octubre de 2010

Danzas, Contradanzas, Habaneras y Danzones

(por Joaquim Zueras Navarro)

Decía en otro artículo que durante el siglo XIX la música ocupaba una posición relevante en Cuba, con una gran afición por la misma; un desahogo espiritual frente a una situación política inestable y, digámoslo también, un signo de distinción. Los teatros se llenaban con violinistas como Vieuxtemps, óperas con sopranos como Adelina Patti y también se celebraban conciertos de cámara y tertulias en algunos salones. En una entrevista al diplomático y escritor cubano Armando Cristóbal, opinaba sobre las danzas cubanas: "El hecho de que en la colonia caribeña del XIX, poblada por españoles y africanos, se produjera un mestizaje cultural, es la base para la aparición de las danzas; no sólo porque es la manifestación culta de la Europa romántica la que se constituirá en su integrante esencial, sino por la cadencia que deriva de los ancestros africanos y la metamorfosis a través de la propia España en esa "ida y vuelta" entre las dos orillas atlánticas, además de las danzas de salón (francesas e inglesas) que se amulataban en las casas de baile de negros y mestizos libres. Sobre un conjunto tan heterogéneo, surge esa nueva forma que se manifiesta en la música de Saumell y Cervantes".

Este interesante CD propone un recorrido por distintos períodos de la danza cubana, el primero de los cuales podríamos calificarlo de presaumelliano. Sirven de ejemplo doce contradanzas de Nicolás Muñoz Zayas, Tomás Buelta y Flores, José L Fernández de Coca y Enrique Guerrero. Escuchándolas, podemos observar la gradual utilización de la rítmica cubana, en la que juega un papel primordial el empleo de la síncopa, a la vez que disfrutamos de su gracia y sencillez.

Una segunda etapa vendría caracterizada por la fuerte influencia del romanticismo europeo sin abandonar el sentimiento nacionalista, con un discurso pianístico más avanzado y sutil, como el utilizado por Cecilia Arizti y Laureano Fuentes, un lenguaje delicado, expresivo y de rítmica estilizada.

Las seis danzas de Jorge Anckermann recuerdan a menudo lo más característico del estilo de Cervantes, la sutileza en los matices, poesía musical teñida de leve melancolía y un inteligente juego dialogado entre las voces, como el de la exquisita miniatura "Crepúsculo".

Rafael Pastor fue un valenciano que se radicó en Cuba en 1906, dedicándose a la enseñanza y a la composición musical. Miembro fundador de la Academia Nacional de Artes y Letras, también fundó y dirigió el Conservatorio Pastor de la Habana. El tríptico de danzas que aquí se nos muestra está impregnado de fuertes influencias europeas, como por ejemplo la de Granados, participando no obstante, como Anckermann, de la musicalidad de Cervantes.

Finalmente, el CD nos sumerge en pleno siglo XX. De Carlos Fariñas, compositor de gran talento e imaginación, son la dulce habanera "Trinitaria" y el vigoroso "Danzón para un domingo". "Danzón imaginario" de José María Vitier es una bellísima pieza de concierto; del mismo autor es la aterciopelada "Habanera del Ángel" de atmósfera evanescente un tanto debussista.

Alicia Perea ha actuado como solista en diferentes orquestas sinfónicas cubanas y ha ofrecido recitales en diversos países de Europa y América. Alterna su regreso al mundo de los conciertos con una intensa labor pedagógica en la Escuela Nacional de Arte. Ha sido Presidenta del Instituto Cubano de la Música. Sus interpretaciones rezuman gran sensibilidad, magia y seducción, sencillez que huye de cualquier amaneramiento y claridad, en parte por un prudente y oportuno uso del pedal. La toma de sonido es excelente y los comentarios de la carpetilla de Alberto Joya, así como las biografías breves de los compositores, muy ilustradoras.





EL ECO DE MI SILENCIO


depresiva
Angélica Mora

El silencio es tan grande
que me envuelve
en innumerables ecos
que suenan
y replican alrededor de mi entorno.

Esta soledad mía
crea golpes en rejas abiertas,
que sin embargo
se cierran con golpes secos.

Este silencio se posa en sitios cercanos,
pero también vuela distancias
y repercute
en bóvedas lejanas.

Al final, la voz sin respuesta
se torna aguda
como campana
que golpea una y otra vez
su badajo de carne muda.

Y se van formando bloques callados
de mí que nadie conoce,
en medio del vasto silencio...
sin que nadie acuda.

Silencio...




Calesas, quitrines y volantas en Cuba del siglo XIX




La Danza Cubana.

Por: Bonifacio Byrne.

"La contemplación de una flor, de una gota de rocío, o el eco de una música lejana y acariciadora; bastan para que en nuestro cerebro se alce la imagen de la Patria y para que le dediquemos a cualquier hora y en cualquier momento doloroso un suspiro, una oración sentida y una lágrima inefable".
Cuando nos encontramos distante de la tierra donde se meció nuestra cuna, cualquier hecho simplísimo, cualquier sencilla circunstancia, cualquier imprevisto incidente que nos la recuerda, nos produce intensa emoción y profundísima tristeza. Un nombre, que se pronuncia a nuestra espalda haciéndonos volver la cabeza como impulsados por un resorte; una nube errando en el espacio, llevando en su borde los postreros reflejos del sol moribundo; cualquier fragmento de ese cuadro infinito y portentoso que se llama Naturaleza y es obra de la mano de Dios; la página de un libro; un retrato, expuesto en una galería fotográfica; una sonrisa, apenas entrevista, pero que nos trae a la memoria los rasgos fisonómicos de una persona ilustrada; la vibración sonora de una campana, saludando a las tinieblas; la contemplación de una flor, de una gota de rocío, o el eco de una música lejana y acariciadora; bastan para que en nuestro cerebro se alce la imagen de la Patria y para que le dediquemos a cualquier hora y en cualquier momento doloroso un suspiro, una oración sentida y una lágrima inefable.
No debe, pues, extrañar a nadie, en vista de las razones expuestas, lo que le aconteció al ilustre cubano Pedro Santacilia, cierto día en cierta casa de una distinguida familia cubana, residente en New York.
Era a raíz del grito de Yara, el año 1868. En esa época la colonia cubana en los Estados Unidos no era tan numerosa como lo fue luego, cuando el éxodo criollo llegó a adquirir proporciones verdaderamente colosales.
Santacilia marchaba distraído, recordando acaso los famosos versos de la vibrante y patriótica silva con que hubo de responder a una poesía del poeta dramático Campoamor, en que se aludía a Cuba, cuando he aquí que a los oídos del pobre desterrado llegan los ecos de una danza cubana.
¿De dónde procedía aquella música, en cuyas notas parecía sollozar el alma de Cuba, oprimida bajo la férrea mano de sus insufribles déspotas?
Alzó la vista entonces y al ver el sitio de donde se escapaban aquellas sentidas notas, a él se dirigió sin vacilación alguna, como se dirige el pájaro errabundo al árbol donde encuentra de nuevo el nido que en sus ramas abandonara, huyendo del furor de la tormenta.
Encontró entornada la puerta de la calle; entró sin llamar; subió la escalera que se presentó a su vista, y a los pocos momentos penetraba en un elegante gabinete, donde, sentada ante un piano, veíase una encantadora joven, hija de Cuba, y a su alrededor otras bellas señoritas, compatriotas suyas.
Ninguna se apercibió de la llegada de Santacilia, porque el ruido de los pasos de este era amortiguado por una tupida y gruesa alfombra extendida sobre el pavimento. La danza continuó cada vez más triste, cada vez más dulce, cada vez más sentida. La gentil pianista no solo conocía la difícil técnica del sonoro instrumento que tocaba, sino que complaciéndose en ello, ponía toda su alma de artista en la interpretación de aquella danza criolla, donde se oía el rumor apacible de la brisa entre las pencas de las palmas, la voz armoniosa del sinsonte, cantando en la rama vibrante de un cedro centenario, los ecos del tiple vibrando en las puertas del rústico bohío, el acento cariñoso de los amigos de la escuela junto con las quejas de la patria, los apóstrofes de los guerreros que combatían en la «manigua», los sollozos del hogar paterno y las lamentaciones de los que, besando mentalmente su bandera, eran fusilados, en el recinto de las ciudades o caían víctimas del clima insalubre, en los tenebrosos presidios sostenidos por España en sus inhospitalarias posesiones africanas.
Cuando al cesar la maravillosa danza, aquella genial artista y sus compañeras fijaron sus ojos asombrados en el rostro de Pedro Santacilia, quedáronse silenciosas como si estuvieran contemplando el paso de un entierro. El piano había enmudecido y aún permanecía el infeliz emigrado sumido en religioso éxtasis, como si se hallara arrodillado en las gradas de un altar, lleno de rosas, de cirios encendidos y de «cantíos» celestes...
Ellas no le preguntaron nada, ni le dijeron en aquel momento palabra alguna; pero al ver la faz del compatriota proscrito, nublada por un raudal de lágrimas, no pudieron contenerse, la pianista se echó a llorar, ocultando su bello rostro entre las manos. ¿A qué preguntarle, a qué someterlo a una interrogación enojosa si lo habían comprendido todo?


Tomado de La Danza Cubana.

Mis héroes. Por Esteban Fernández.

Esteban Fernández
Algún día, en una Cuba libre, será cuando verdaderamente los cubanos se enterarán del descomunal esfuerzo realizado por el destierro cubano combatiendo a rajatablas a la tiranía castrista.
Dentro de nuestra nación muchísimos compatriotas creen que el exilio ha sido simplemente para acumular riquezas, para rodar carros del año, para dar suntuosas fiestas, para crónicas sociales. Pero muy poquito se sabe de la sangre que los exilados han derramado en la tierra cubana ni de los cientos de gestiones guerreras realizadas. 
El 99 por cientos de nuestros hermanos en la Isla conocen a Willy Chirino y a Gloria Estefan, pero un ciento por ciento no tiene ni la menor idea de quien fue Tony Cuesta. Han escuchado hablar mucho de la prosperidad de los cubanos en U.S.A. pero muy poco de lo que fueron los Comandos L, los Comandos Mambises y Omega7.
 Consideran que el exilio es pachanga y dólares, pero el exilio es Vicente Méndez y Edel Montiel, “Rabo de Nube”, Espiritico, el “Venado”, Joaquín Membribe. Este es un destierro que ha dado una gloriosa Brigada 2506. Tenemos un día que escribir libros sobre “Yarey”, sobre el Rece, sobre el Jure, sobre Abdala, hacer 100 tomos de la organización Alpha 66, sobre sus ataques comandos, sus desembarcos. Solo hay que entrar en la oficina de Alpha en Miami para ver en sus paredes la galería de sus mártires.

Muy poquitos en Cuba han escuchado los nombres de los gloriosos hermanos Ignacio y Guillermo Novo. Sólo se habla en nuestra patria de Orlando Bosch y de Luis Posada Carriles para atacarlos. En una Cuba libre tendremos que erigirles unas estatuas al lado de la de Antonio Maceo. Alvin Ross es un héroe en esta lucha. Allá sólo conocen a los cantantes y los peloteros.
Este exilio ha dado muchos patriotas como Aldo Rosado, como Luis Crespo, como Humberto López, como Henry Agüeros, Dionisio Zuarez, Virgilio Paz, que han dedicado sus vidas a combatir al régimen. Desde el primer momento, desde el mismo 1959, ya desembarcó en Trinidad, se jugó la vida y cumplió largos años de prisión Roberto Martín Pérez.
 Y antes de llegar la invasión de Playa Girón ya estaban allí los equipos de infiltración, con Pepito Regalado, Humberto Solís, Abel Pérez, el Sheriff, Raffo, Yayo Varona, Recarey, Blanquito, Andréu, Cawy, Durán, Giraud, Comella, Mirto Collazo, y muchos más.
 La “Lucha por los caminos del mundo”, el CORU, el Poder Cubano, el Movimiento Nacionalista, el Movimiento Pragmatista, el gran Valentín Hernández. Toda la gloria para ellos. Lo primero que tenemos que hacer cuando llegue nuestra liberación es pedir que nos devuelvan a Eduardo Arocena y declararlo Héroe Nacional de la República de Cuba.
 ¿Quién conoce dentro de nuestra patria a Héctor Alfonso? Un verdadero león en esta contienda. ¡Cuantas páginas de la futura historia de Cuba le tendremos que dedicar a “Fabián”! Pero allá sólo conocen a Andy García y al “Duque” Hernández.
 Y ahí en esa historia estarán Manuel Artime, Andrés Nazario,Dieguito Medina, Santiago Álvarez, René García, Felipe Rivero, Eneido Oliva, Orlando Atienza, Sergio Perico Díaz, Waldito Castroverde, René Cruz, Enrique Encinosa, Alejandro del Valle, Nino Díaz, Ramón Saúl Sánchez, Juan Felipe de la Cruz, Armando Fleites, Dionisio Suárez, Hugo Sueiro…
 El que crea que desde aquí no se le ha tirado ni un chícharo a la tiranía es un ignorante de la verdad. Y algún día habrá que hacerle saber a toda la nación la verdad que hoy oculta el régimen. Pocos destierros a través de la historia han combatido más que el nuestro, pero siempre se le ha escatimado la gloria que merece. Eso vamos a subsanarlo en una Cuba libre.

Con una facilidad tremenda llamamos “glorias de Cuba” al deportista, al músico, al bailarín y al poeta. Pero yo pienso que ha de llegar el momento en que los cubanos nos pongamos de pie para brindarles una cerrada ovación a Ernesto Díaz Rodríguez, a Eusebio Peñalver, a Renán Llanes, Tony Bryan, Félix Rodríguez, Ernestino Abreu, Carlos Hurtado, Pedro Remón, Ruben López Castro, Tony de la Cova, Gaspar Jiménez, Osiel González, Alfonso Carol y a muchos otros patriotas que tanto lo merecen…
 Mis héroes son los que a pesar de los años transcurridos se mantienen con la moral muy en alto, los que predican la acción como Manuel Prieres en Villagranadillo, como Tito Rodriguez Oltmans desde Radio Mambí, como José Luis Fernández desde La Voz de Cuba Libre .
Cobardía no es predicar la guerra desde el exilio, cobardía es estar en el destierro y no atreverse  a pedir libertad plena para Cuba.
Cortesía del autor.

viernes, 29 de octubre de 2010

Mujer.......

MUJERES...Por Osvaldo Raya



A mis amigas y a mis ex alumnas, en homenaje a su arrojo.
A veces el macho cabrío en mitad de la montaña se echa, se detiene, hace un nudo de sí mismo, se tranca y cae. Y se lo puede ver hastiado y sin fe, durmiendo tres veces en la tarde la misma siesta; porque ya le ha parecido excesivamente agotador y largo el camino a la cumbre. Y es la hembra, entonces, quien toma su lugar y no renuncia. Con su cautela de cabra, se empina y reemprende el viaje hasta lo alto; a desplazar, incluso, de su trono, al águila soberbia. Y lo logra; y quedan, los suyos ‒incluyendo al macho‒, por fin, a salvo.
Y hay mujeres así, que empujan más que su hombre. Es ahí cuando tanto el macho cabrío como el hombre entran en pánico y se sienten con el orgullo demasiado herido y la antigua prepotencia acribillada. Una insólita virilidad ‒esa muy femenina virilidad de ying que asume el yang‒ los desafía y se impone la proverbial intolerancia del falo absoluto y único que decide derribar a ese otro falo ‒o aura de hembra con los colores de lo fálico‒ que se le aproxime o pretenda competir y ganar en las lides de su circo. Mas… ¡qué tontería! Ahora, aun echado, al lado de los áspides, el macho estalla de celos o de envidia y comienza la guerrita sucia, la ofensa. Él trata de humillarla a ella y le apunta ‒él‒ con su alabarda para derribarla de su ínfula nueva y tumbarle ‒a ella‒ el ala que le he crecido en los costados.
Y no. Yo no entiendo. ¿Por qué mejor el esposo no se siente más bien honrado y orgulloso, inflado de la gloria de la gran mujer que tiene y reconoce su instinto agencioso y sus esfuerzos; en vez de minimizarla a toda costa y hacerle creer, todos los días, que es incapaz ‒aunque esté viendo que sí, que es bien capaz y que de tal capacidad se beneficia‒ y que es ella la inútil, la estúpida, la inapetente y la que hace todo mal, hasta el sexo? ¿Por qué en lugar de zaherirla y criticarla no la premia y la pone en un altar de besos y de flores frescas, y junta su hombro incólume con el de ella? ¡Ah… pero ya entiendo!: Ese varón no es tan varón. Y sé más: El que se sabe pequeño no quiere crecer ‒no se esfuerza‒ y prefiere retorcerse y susurrarle al gigante la hiel y los dardos que van directo al alma noble y frágil y atizan la culpa y el descrédito de lo propio; con tal que se arrodille ‒el gigante‒ y se ponga a la altura de la hormiga.

Pero el hombre grande ‒o la mujer‒ es grande siempre; incluso, si se agacha para comer en la mesa del enano.

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