viernes, 31 de diciembre de 2010

NUESTROS PERSONAJES 2010

EL FINAL DE UN AÑO ...Y EL COMIENZO DE OTRO


Es el tiempo de retrospección del alma y decir ¿qué he hecho de malo y bueno estos doce meses del año?

Es el momento para mirar atrás, a las huellas que hemos dejado y preguntarse, ¿estoy preparada para enmendar errores?

Cuánto sufrimiento en el mundo, cómo puedo de alguna forma dejar mis egoísmos cómodos y dar el paso adelante y decir ¡aquí estoy... cómo puedo...!

¡De qué manera recoger las manos para formar un cuenco donde caigan las lágrimas de los presos injustamente encarcelados!

Dar un Alivio al Dolor...

¡Indícamente Señor este año que se inicia, el Justo Camino!

martes, 28 de diciembre de 2010

Eterna Cuba con Enrique Chia

FIN DE AÑO EN UNA CELDA.


Por Iliana Curra.

Quizás las huellas que deja una prisión son imperecederas. De ella sales, pero siempre estás dentro. En los recuerdos. Nunca puedes olvidar, aunque te lo propongas. Sobre todo, cuando tanta gente sigue sufriendo en las mismas condiciones de siempre. Cuando no acaba el castigo para los que han q...uedado atrás. Para los que han ingresado después de tu salida.

Los días son difíciles en una celda de castigo. Los minutos se convierten en días cuando pasan con la lentitud del tiempo estancado, ese que no avanza aunque lo empujes con tu imaginación. Aunque te transportes lejos para verlo deslizarse a prisa.

Días y días que transcurren con la sádica demora de un espacio que llenas con simples repasos de lo que fue y lo que pudo ser. Situaciones que ya no cambiarán porque no puedes, y porque tampoco quieres. La vida te enseña que cuando haces algo, si estás conciente de ello, está bien hecho. No hay espacio para el arrepentimiento porque hiciste lo correcto, o lo que creías correcto.

Una celda oscura donde ni las manos te ves. El frío del cemento donde único puedes sentarte te recuerda la humedad que cala tus huesos para siempre. El ruido de insectos por doquier te hace pensar que estás en medio de una selva, pero de una selva tenebrosa y solitaria donde pudiera aparecer en algún momento una rata que merodea buscando qué comer. Ella también tiene hambre.

Es 31 de diciembre de 1994. Un año que termina de una manera espantosa y piensas que mañana será, quizás, un año diferente. Donde todo pudiera cambiar para bien, o para mal…

La guardia trae una bandeja que apenas puedes ver. Como alimento contiene algo de arroz y un hueso largo que tiene –si acaso- unos milímetros de una carne de ave. Dicen que es de oca, y que es una comida especial para las presas en este último día del año. El olor es insoportable e, irremediablemente, saco la bandeja por debajo de la reja. No puedo ni probarla. Mi estómago me pide a gritos, aunque sea, ese salcocho mal cocinado para sostenerse. Pero no puedo comer.

Entiendo que estoy muy débil y que debería esforzarme para sobrevivir. El frío es intenso. Mis manos congeladas se esconden en los bolsillos de un abrigo hecho de tela sin guata, confeccionado expresamente para las reclusas. Mis uñas no dejan de estar moradas todo el tiempo y me invade una soledad que nunca antes había sentido.

Pienso en mi familia. En mis visita suspendidas para aumentar el castigo. Pienso en los otros prisioneros políticos, que como yo, también están padeciendo lo mismo, y quizás hasta peor. Pienso en Cuba y en los millones de personas que esperan que el próximo año venga mejor. Que se acabe esa dictadura que los oprime. Pero yo estoy libre. No importa que esté en una celda húmeda, oscura y solitaria. Soy libre y eso nadie lo puede cambiar.

A lo lejos, escucho las voces de dos muchachas recluidas en ese destacamento. Un destacamento construido a lo lejos del penal, adonde nadie llega, para encerrar a presas infectadas con el virus del SIDA. Ellas también están solas, lejos de su familia y sin esperanzas de salir vivas de la cárcel. Siento sus risas y una alegría momentánea por algo que no comprendo. Me alegro por ellas, al menos ahora se sienten lejos de esa muerte que siempre las acecha.

Mis oídos, adaptados al menor de los ruidos, sienten pasos a lo lejos. Se acerca alguien, pero no son las botas de la guardia las que vienen hacia mi celda. Son pasos pequeños y suaves que se deslizan corriendo. Una risa traviesa llega a los barrotes de mi celda como el canto de un pájaro. Dos caras risueñas y llenas de emoción se paran a unos pocos metros, y cuando se sintieron seguras al verme en la sombra, sus manos traspasaron las rejas frías de una noche invernal para, con sus puños cerrados, entregarme unos pequeños pedacitos de chicharrones de puerco que les habían llevado para comer.

Es algo que jamás podré olvidar. No fue la comida que me llevaron. Fue la acción que tuvieron acordándose de mí cuando me encontraba en los momentos más difíciles que he vivido. Cuando la noche era más fría y la nostalgia te invade hasta la saciedad. Cuando te sientes más sola que nunca. Cuando casi dejas de creer en la humanidad de un mundo indiferente sumido en su propio egoísmo.

No puedo evitar recordar aquello. En mi mente están vívidas esas imágenes de dos muchachas que ya deben haber muerto hace tiempo. Que sufrieron más que yo el rigor de una prisión porque estaban enfermas. Que supieron compartir con alegría sus alimentos porque sabían que yo apenas probaba el salcocho que me entregaban.

Ellas hicieron algo que estaba prohibido, pero se arriesgaron al castigo para hacerme feliz, al menos, con algo que yo comería. Y así, corriendo, con la misma travesura con que llegaron, volvieron a sus galeras felices de haber compartido conmigo lo poco que tenían para ellas. Me dieron una tremenda lección de que la humanidad aún existía.

Y en ese momento, como Ana Frank escribiera en su Diario, creí en la bondad innata del hombre.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Amenazan a Reina Luisa Tamayo

 
La señora Reina Luisa Tamayo, madre del prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo - muerto en prisión tras una huelga de hambre -, denunció que agentes de la Seguridad del Estado la amenazaron con prohibirle la salida del país, sí continuaba con sus peregrinaciones dominicales al cementerio.

Reina Luisa Tamayo tiene por costumbre procurar llegar cada domingo hasta la tumba de su hijo para limpiarla, rendirle homenaje y orar por el descanso de su alma, cosa que regularmente es impedido por agentes del régimen comunista del general Raúl Castro.
La Dama de Blanco estaba caminando a la tumba de su hijo este domingo en la ciudad holguinera de Banes, pero una vez más los agentes del régimen interrumpieron su pacífica actividad.
Mientras transcurrían los hechos, Reina Luisa pudo hacer contacto con Radio Martí con su teléfono celular. Antes de cortarse la comunicación, informó que varios residentes de Los Pinos, un barrio marginal de Banes, habían sido detenidos. Eran Rafael Meneses Pupo, Ariel Cruz Meneses y Delvis Martínez.
La Sociedad Internacional de Derechos Humanos ha condenado en varias ocasiones el hostigamiento que sufre en Cuba Reina Luisa, madre de Orlando Zapata.
La organización internacional a favor de los derechos humanos considera que el acoso contra la Dama de Blanco "es el colmo de la esencia represiva de la dictadura cubana".
Pulse en el audio si desea escuchar a Amado Gil con los detalles.

domingo, 26 de diciembre de 2010

RECORDANDO A CARLOS ANDRÉS PÉREZ

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Angélica Mora

26 de diciembre de 2010

Apuntes de una Periodista

Florida – www.PayoLibre.com –
Muere un hombre que pese a sus posibles faltas amaba Venezuela. El ex presidente Carlos Andrés Pérez, de 88 años de edad, falleció el sábado por la tarde en una clínica de la ciudad de Miami, Florida, a consecuencia de un paro cardio-respiratorio.

Destacada en el Palacio de Miraflores, cuando trabajaba como reportera para Radio Caracas Televisión, lo conocí personalmente y siempre se mostró deferente y cariñoso hacia mi persona.

Bajo su primer mandato presidencial en 1974 aprendí a estimarlo como ser humano.
Tenía una especial simpatía hacia los presos políticos cubanos y durante su gestión presidencial negoció la puesta en libertad y traslado de miles de reos hacia Caracas.

El éxodo cubano hacia la capital venezolana se inició dos años después que Carlos Andrés Pérez llegara al poder y duró una década completa.

La medida se tomó luego que Venezuela y Cuba reanudaran sus relaciones diplomáticas, interrumpidas desde 1960.

En 1977, comenzaría a llegar el primer contingente de los más de 23,000 cubanos que se estima llegaron a Caracas, entre ellos presos que cumplían condenas de 20 y 30 años.

Pérez, exiliado en Miami, fue objeto de un homenaje reciente por parte de ex presos cubanos que alcanzaron la libertad gracias a la gestión de su gobierno.

En broma, cuando en 1984 nos encontramos en Coopertown, Nueva York, para la inducción del jugador de Béisbol Luis Aparicio al Hall de la Fama, le garanticé que volvería a Miraflores de nuevo, como presidente.

Así fue, resultando electo en 1989. A este segundo mandato fui invitada de honor por Miraflores cuando yo trabajaba como periodista en Radio Martí. Entre los otros invitados estuvo presente Fidel Castro.

No bien asumido en 1989 este segundo periodo presidencial, se produjo el llamado "Caracazo". El caos se apoderó de las calles de Caracas y otras ciudades del país cuando miles de personas salieron a protestar, quemar vehículos y saquear comercios, poco después de que Pérez anunciara un paquete de medidas económicas que incluía el aumento en el precio de la gasolina.

Decenas de personas murieron en las protestas como resultado del despliegue policial y militar ordenado por el Gobierno para restablecer el orden.

El actual presidente venezolano, Hugo Chávez, intentó un golpe de Estado contra Pérez en 1992 y lo justificó en aquellos hechos.

La intentona fracasó y Chávez fue encarcelado por dos años, hasta ser indultado por el ex mandatario Rafael Caldera.

Luego Pérez tuvo que enfrentar un segundo golpe que resultó fallido pero debilitó aún más su imagen.

Una posterior intentona golpista terminó por desencadenar una crisis política en el país y hubo llamados provenientes de varios sectores de la población de que Pérez debía renunciar.

Meses después, fue acusado de malversación de fondos y el caso fue llevado ante la Suprema de Justicia, organismo que dictaminó que habían suficientes indicios para procesarlo. Tras la decisión, el Senado votó a favor de destituirlo de su cargo.

El historiador Agustín Blanco Muñoz, quien acaba de publicar el libro "Yo sigo Acusando", sobre Pérez, señala que la decisión del mandatario de someterse a la justicia venezolana en ese entonces, en un proceso que estaba viciado jurídicamente y cuyo resultado se sabía de antemano, denota el alto grado de compromiso que éste mantenía con el sistema democrático.

Pérez cumplió dos años de arresto domiciliario y acabó sus días exiliado en Florida.

Chávez trató de llevarlo a nuevo juicio el año pasado, pero ese intento fracasó.

El legado democrático de Carlos Andrés Pérez supera con creces sus posibles faltas.

sábado, 25 de diciembre de 2010

¡MIRA, AHÍ VIENE EL AVIONCITO!

  


por Esteban Fernández

No sé exactamente cual es la edad en que el niñito cubano pasa de la compota y el seno de su madre a comer en un plato, pero es en ese preciso momento cuando escuchamos por primera vez decir: "¡Cómaselo todo, no vaya a dejar nada en el plato!".

Después escuchamos esa frase miles de veces. Es una especie de adoctrinamiento. Las madres cubanas insisten hasta la saciedad en servirnos bastante comida y en no permitir que dejemos sobras en el plato.

Cuando la madre cubana se da cuenta que "ya nos llenamos" y que existe la posibilidad de que dejemos comida en el plato entonces acude al "truco del avioncito". Es en ese instante en que ella coge la cuchara, la llena de comida, y comienza a decirnos: "Mira, aquí viene el avioncito, aquí viene tú tío Carlos, aquí viene tú prima María Mercedes" y nos mete a la cañona la cucharita en la boca.

Y protestamos: "¿Qué se cree mi mamá que mi boca es el aeropuerto José Martí de Rancho Boyeros?", pero esto nos crea un trauma y llegamos a pensar firmemente que es un PECADO dejar residuos de alimentos en el plato.

Tampoco recuerdo cuando es que llegamos a la plena conclusión de que uno de los DERECHOS HUMANOS  es "dejar de comer cuando nos de la gana" y dejar en el plato lo que nos de la realísima gana de dejar.

Y la bola pica y se extiende porque al casarnos la esposa cubana se mantiene firme en esa tradición y sube la parada considerando que su niñito y su marido cometen un crimen dejando cuatro bocados en el plato de una comida que ella tanto sufrió haciéndola.

Además del "avioncito", las cubanas tienen otros aliados: Los muchachitos que pasan hambre en África. Y ya, desde la primera mueca que le hacemos a la comida, la madre cubana nos pregunta: "Chico ¿tú no sabes que los niños en El Congo están pasando hambre mientras tú estás despreciando la comida?".

Aquí no son solamente las esposas cubanas  las que mantienen viva esa creencia, sino que también cooperan mucho LOS DUEÑOS DE LOS RESTAURANTES CUBANOS.

Usted puede ir a una pizzería, pedir una "large pizza", no tocarla, dejarla ahí, llamar al camarero, pagarla e irse y nadie le dice nada. Usted puede ir a un restaurante mexicano, pedir 17 burritos, pagarlos y dejarlos tirados en la bandeja y nadie le dice nada.

Sin embargo, usted va a un restaurante cubano, pide un bisté de palomilla con papitas fritas, se come la mitad del bistéc y 34 papitas fritas, y el resto no desea comérselo, pero parece que el dueño ya le ha avisado al camarero que le informe de ese tipo de "anomalías" porque antes de usted querer pagar, desde que pide la cuenta, se le acerca, se pone las manos en la cintura, y nos pregunta: "¿Qué pasó, chico, no te gustó la comida?"...

Ahí uno tiene que ponerse a darle 20 excusas: "No, chico, lo que pasa es que ya me llené". Y el dueño no acepta: "No, no chico, cómetelo todo". Y nos entra el terror de imaginar que en cualquier momento el propietario del restaurante cubano va a coger el tenedor y nos va a decir: "¡Mira, aquí viene el avioncito, chico cómetelo todo!"...

Nunca olvidaré que hace 35 años un día pedí un arroz frito en el restaurante  Peking de Miami (8 y la 8 del S.W.) y sólo me comí  cuatro  cucharadas y lo dejé. Y de pronto uno de los encargados, Federico, cogió tremendo berrinche mientras me decía: "¡Chico, tú mamá nunca te enseñó que uno debe comerse todo lo que le sirven!"...

Fue mi hija Ana Julia, cuando tenía siete años, quien me dio la solución del problema. Me dijo: "Papi, después que mami termine de cocinar, separa la mitad, móntala en el avioncito y envíasela a los niños que tienen hambre en África"...

jueves, 23 de diciembre de 2010

HOY QUIERO...

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Angélica Mora

HOY QUIERO...


Hoy quiero,
juntar todo lo bueno
y dejar atrás lo malo...

Abrazar
a mis reales amigos,
hoy tan lejanos,
y decirles
cuanto los quiero.

Y a los nuevos amigos
abrir los brazos
para estrecharlos
y decirles al oído
gracias,
por estar conmigo.

Hoy quiero
pedir por los que sufren
injusta prisión
y en general por todos
los que están privados
de la libertad
por una u otra razón.

Por los enfermos
que sufren sus males
y por los viejos
que arrastran sus años
sin tener a nadie
que les tienda una mano

Por la niñez desvalida,
tan abusada,
por las mujeres
que deben soportar
malo tratos
y sentir la esperanza
tantas veces ida.

Por el que añora
su tierra
todos los ratos...

Los que miran el mar
como yo
y sueña
con olas lejanas
con encajes blancos
que forman
lejanos retratos.

Por mis seres queridos
tristemente ausentes
y por los hoy,
conmigo presentes.

Niño Dios,
déjanos esta Navidad
junto con tu Estrella,
a los malos y buenos,
incluso
de religiones extrañas,
tu lección más plena.

Que fue nacer
para dar tu Vida
por todos nosotros,
y todo comenzó
en una Nochebuena.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los presos olvidados del castrismo

Pablo Alfonso  
22 de diciembre de 2010 (Martí Noticias, 21/12/10)

En las cárceles cubanas sobreviven decenas de presos políticos cuyos nombres no resuenan en los medios internacionales de prensa, ni sus angustias encuentran eco en las campañas de las organizaciones internacionales que luchan a favor de los derechos humanos: son los presos olvidados del castrismo.

que van desde terrorismo hasta piratería", afirmó a Martí Noticias, Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN).
A diferencia de los 75 opositores encarcelados duran
"Hay casi un centenar de casos documentados, de clara definición política, pero que están condenados con una liberalidad irracional, por una amplia gama de delitos te la Primavera Negra de 2003, que concitaron la atención internacional y de los cuales sólo quedan 11 en prisión a la espera de su prometida liberación, la mayoría de los prisioneros políticos cubanos son casi desconocidos.
"Todos están catalogados en la cárcel como presos CR, las siglas que los identifican como contrarrevolucionarios y por eso para nosotros son presos políticos", explicó Sánchez.
Martí Noticias ha logrado reunir suficiente información sobre algunos de estos prisioneros políticos para divulgar el drama de cada uno de ellos. Sin dudas es una información que puede ampliarse, en primer lugar, con la colaboración de los familiares de los propios presos y también de las organizaciones de la oposición y grupos de derechos humanos en la isla.
La CCDHRN publica dos veces al año una lista con los nombres de los presos políticos, que es utilizada como referencia por reconocidas organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rigths Watch, entre otras. La más reciente fue publicada en julio y la próxima, según Sánchez, será difundida en algunas semanas.
"Es una compilación muy sucinta, elaborada con datos obtenidos de una masa estimada de 80,000 presos de todo tipo recluidos en las 200 cárceles y centros penitenciarios que hay en Cuba, 50 de ellos de alta seguridad", asegura Sánchez. "Como dije están todos los CR, sin contar una especie de congelador o gaveta, que tienen la inicial CR en la prisión, una veintena de ellos sin juicio todavía y que eran simples emigrantes y no los pusimos en la lista de julio", añadió.

Alexis Ramírez Reyes, es quizás el caso más típico de estos presos políticos olvidados. Apenas existe información personal sobre él. Arrestado el 12 de agosto de 1999 y condenado a 18 años de cárcel acusado de sabotaje, por quemar unos campos de caña, Ramírez lleva ya once años en la Prisión Kilo 7 de Camagüey, una cárcel de alta seguridad.
Ramírez es un humilde trabajador agrícola que vivía con su familia en la casa marcada con el número 116 B del Batey Pino 1, perteneciente al Complejo Agro Industrial Haití en el municipio de Santa Cruz, provincia de Camagüey.


Armando Sosa Fortuna, tiene una historia distinta aunque igualmente oscura en lo que se refiere a sus datos personales.
Sosa y otros seis cubanos residentes en Estados Unidos pertenecientes a la organización anticastrista PUND desembarcaron en el pedraplén que une a la ciudad costera de Caibarién con el cayo Santa María, al norte de la provincia de Villa Clara.
Sosa, junto al resto del grupo, fue arrestado el 15 de octubre de 1994 y condenado a 30 años de cárcel bajo el cargo de "otros actos contra la Seguridad del Estado".
Durante los 16 años que lleva encarcelado ha transitado por varias cárceles de la isla. En la actualidad está internado en la Prisión Kilo 7 en la provincia de Camagüey. No tiene familia en Cuba y los datos más recientes indican que en esta última prisión era visitado por el matrimonio Meivis Mulen Díaz y su esposa Madelin Avila Cruz.
Las autoridades carcelarias le cancelaron esas visitas y le informaron que sólo su hermana Dalia, una anciana que vive en Estados Unidos, puede visitarlo.


Carlos Luis Díaz Fernández, tenía 24 años de edad cuando fue arrestado por intento de salida ilegal del país, el 5 de octubre de 1992. Por esa causa fue condenado a dos años de cárcel, que se han prolongado hasta nuestros días.
Ahora acumula una condena de 19 años que le han impuesto en la misma cárcel por diferentes cargos como desacato, desobediencia y evasión.
Los abusos y atropellos que le tocó ver en la Prisión Kilo 8 de Camagüey, considerada como una de las peores de la isla, radicalizaron su rechazo al régimen comunista y él mismo fue víctima del maltrato de los carceleros.
Díaz Fernández se solidarizó en numerosas ocasiones con los ayunos, las huelgas y las protestas de varios presos de conciencia del Grupo de los 75 - entre ellos Orlando Zapata Tamayo -, encarcelados en la misma prisión.
En marzo de 2007 se unió a una huelga de hambre protagonizada por los prisioneros Juan Carlos Herrera Acosta, Leoncio Rodríguez Ponce y José Daniel Ferrer García. Su pésimo estado de salud, deteriorado por una severa diabetes, le impidió continuar la huelga.
Un informe de la Coordinadora Nacional de Presos y Ex Presos Políticos cubanos, emitido en La Habana en febrero de 2010, explica que de acuerdo con información brindada por su mamá, María Julia Fernández, Díaz Fernández, se encuentra en la prisión de Guantánamo, donde permaneció un año aislado en una celda de castigo, luego de su traslado desde la Prisión Kilo 8 de Camagüey.
"Díaz Fernández está enfermo, desnutrido, con pérdida de peso sustancial, diabético y padece de dolores pre-cordiales", subraya el informe. Su familia reside en San Gregorio #552 esquina al 2 Norte, Guantánamo, provincia de Guantánamo, Código Postal 95100.
Martínoticias.com continuará con esta serie de reportajes para sacar a la luz quiénes son los presos olvidados del castrismo.


lunes, 20 de diciembre de 2010

ATRÉVETE A SOÑAR

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Gentileza Ileana Curra

Por: Ninoska Pérez Castellón

Mientras asistía a una sesión de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, me impactó un afiche de Naciones Unidas que mostraba a un hombre que le gritaba a otro: `` ¡Refugiado, regresa a tu país!''. El hombre acosado respondía: `` ¡Si pudiera lo haría!''

El exilio es una de esas pocas experiencias que para entenderla, hay que vivirla. Es profunda desolación. Una fría neblina que nunca se va del todo. Tan traumático como arrancar una planta de raíz. Es una constante añoranza por todo lo perdido que se niega a desaparecer y la redención solo la encuentras al recordar.

Jorge Mas Canosa, el exiliado más prominente de su época, me confesó poco antes de morir que el exilio era ``el peor de los castigos''. A pesar de su influencia política y su triunfo económico, murió añorando la tierra que juró liberar.

Ser exiliado es sentirse frágil como una planta trasplantada. Es dejar atrás todo lo amado y sentirse siempre un extranjero. Es no saber si algún día regresaremos al hogar.

El 5 de junio de 1959, aterricé en una ciudad cuyo nombre no podía pronunciar: Ft. Lauderdale. Mi hermanita, mi prima y yo descendimos del avión vestidas como princesas, sin reconocer aún que no éramos más que refugiadas. América nos había dado la bienvenida y quedaba atrás la pesadilla en que se había convertido la vida para nuestra familia tras el triunfo de la revolución. Unos meses después recuerdo el miedo y el frío que sentí en una corte de inmigración durante una audiencia de deportación. Fue una de las pocas ocasiones en que el optimismo de mi madre quedó opacado por la preocupación que reflejaba el rostro de mi padre. Pero Estados Unidos no nos defraudó y recibimos el asilo político, evitando que fuéramos devueltos al infierno del que habíamos logrado escapar.

Los próximos años fueron difíciles. Niños cubanos llegaban a Estados Unidos sin sus padres, las noticias reportaban demasiados fusilamientos y fracasaba la invasión de Bahía de Cochinos donde lucharon mis tíos y hermanos. Uno de mis hermanos, con apenas 18 años, por poco muere asfixiado al ser encerrado en una rastra hermética. Hombres y mujeres abarrotaban las prisiones en Cuba, mientras que miles escapaban despojados de todo y estrenaban el exilio con la incertidumbre como compañera. Los trabajos eran escasos y era común ver a un médico o a un abogado limpiando pisos. En medio de aquel caos mi abuelo siempre repetía: ``Atrévanse a soñar''.

El ex congresista Joe Kennedy me contó cómo su abuela Rose Fitzgerald le mostró la sección de clasificados de un viejo diario de Boston y le señaló un anuncio que decía: Se busca un lavador de platos, los irlandeses no se molesten en aplicar. ``Recuerda siempre de dónde venimos'', le dijo. No fue diferente con nosotros los cubanos. Nunca lo hemos olvidado. Nos hemos reconocido en los rostros de quienes llegaron después en balsas o embarcaciones, desertando en algún remoto rincón del planeta o perdiendo la vida en el intento.

El exilio es una difícil, pero valiosa lección. El libro: The Exile Experience, A Journey to Freedom pone nuestra experiencia en perspectiva y se convierte en un importante testimonio para futuras generaciones. Mostrará a los americanos que vivimos agradecidos del país que nos dio tantas oportunidades. Una tierra que queremos tanto como la nuestra, pero que como refugiados que siempre seremos en lo más profundo de nuestras almas, jamás podremos olvidar de dónde venimos. Ayudará a despejar las perversas difamaciones del régimen cubano hacia una comunidad que ha sido más satanizada que ninguna otra.

La historia del exilio cubano es una de triunfos, pero detrás de cada una de esas historias figuran grandes sacrificios, mucho dolor y las amargas lágrimas de tercos cubanos que contuvieron su llanto y siguieron adelante a pesar que a veces la visión nublaba el camino.

Cada vez que he tenido el privilegio de ser una voz a favor de la libertad de mi pueblo, ya sea en la radio aquí en Miami o trasmitiendo hacia Cuba, hablándole a algún presidente o testificando ante el Congreso de Estados Unidos confrontando a quienes sirven de apologistas para la dictadura cubana, invariablemente escucho las palabras de mi abuelo: ``Atrévete a soñar''.

Hace un tiempo atrás, en la Casa Blanca como invitada del presidente de Estados Unidos para celebrar la Navidad, recordé aquella primera Nochebuena en este país, donde la tristeza fue tal que al sentarse la familia a la mesa, todos rompimos a llorar. Ahora cuando miro la foto de ese día junto al presidente George Bush, me digo a mi misma: no está mal para la niña refugiada que temblaba de miedo en una corte de inmigración.

No, aún no he olvidado. Jamás voy a olvidar.

Ninoska Pérez Castellón es directora ejecutiva del Consejo por la Libertad de Cuba y autora con Mirta Iglesias de Cuba mía, hablan tus hijos.


No, aún no he olvidado. Jamás voy a olvidar.

Ninoska Pérez Castellón es directora ejecutiva del Consejo por la Libertad de Cuba y autora con Mirta Iglesias de Cuba mía, hablan tus hijos.

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