sábado, 23 de octubre de 2010

Osvaldo Raya: Cuando Un Amigo Se Va

A Nuestro Gran Amigo Osvaldo Raya.....
Un gran Hombre
Un Gran Amigo
Un Patriota
El Mejor Martiano





Que quede esto para La historia:



NUESTRA GUERRA

Por Osvaldo Raya


La lucha por la libertad de Cuba es una guerra. No valen los eufemismos. Es una guerra. Pero una que empieza desde arriba, a nivel del espíritu, directamente guiados por Dios. Del mismísimo Cielo ya viene bajando un alud ígneo y justiciero que definitivamente acabará por incinerar los pies del tirano y las bases de su tiranía. El odio del guerrero entonces no es odio suyo sino de su enemigo. Es acaso reacción ‒o reflejo‒ de aquel odio originario tan provocador e infame; o es amor ‒y sólo amor‒ que se defiende con todos los hierros para que nadie venga a destronarlo. Nuestro odio es sagrado y está avalado solidariamente por las huestes celestiales. Nuestra espada flamígera ya ha sido bendecida por el Arcángel Miguel. Y digo que si hay huestes en el cielo para defender lo divino, tiene que haberlas en la tierra para defender la divinidad de los cubanos, su libertad y su derecho a ser mejores.
Lo de nosotros deberá ser un amor rabioso o un odio celestial. Y hemos de ser como esa leona que cuida a sus cachorros y de velar y batallar por el futuro de los nuestros, nuestros niños y jóvenes. Será amor rabioso porque sin rabia ‒y sin pasiones‒ no hay batalla, no hay respeto de los que no entienden ningún lenguaje de concordia.
Mostraremos, pues, la garra para que nos respeten y no nos acomplejemos de ella ni nos dejemos arrastrar por los temores de lo que ahora la nueva filosofía izquierdista ha dado en llamar lo políticamente incorrecto. Quien critique nuestra emotividad, nuestro odio al odio ‒que es amor‒, quien trate de descalificarnos y pretenda que nos avergoncemos de la sacralidad de nuestro dolor y nuestra rabia y nos invite a un borrón y cuenta nueva y a tener posturaslight o postmodernas no está sino tratando de desmontar nuestro discurso y, por tanto, esta intentando desarticular el vigor y la fuerza con la que todo guerrero debe contar, si es que quiere de veras salir vencedor en esta guerra. Porque es guerra ‒y no otra cosa‒ la lucha contra el tirano que pisotea la dignidad de Cuba y, siendo asi, cada cubano está en el deber de ser un guerrero.
¡Cubanos, estamos en guerra y no debemos bajar la guardia! ¡El año 2010 podría ser el Año de la Victoria!

miércoles, 20 de octubre de 2010

RUMBA FLAMENCA


Rumba Flamenca
por Susana Navalón

(Nombre onomatopéyico de un ruido que vibra y retumba) Es un estilo de origen hispanoamericano. Como cante flamenco era desconocido hace poco más de medio siglo, pero los gitanos de Cataluña lo divulgaron a partir del año 1940. En la actualidad, aunque no goza de estimación entre los verdaderos aficionados, sí es enormemente popular en todo tipo de fiestas. Aunque carece por completo de verdadera hondura y de autenticidad flamenca, se ha convertido en el símbolo de universal del flamenco entendido al modo turístico y frívolo. Las rumbas son muy rítmicas y bailables y admiten continuamente la improvisación.

Baile

Procede de un baile cubano. Se popularizó en España través del teatro y los espectáculos de variedades, de donde la toman los interpretes flamencos, prestándole un aire festero entre el tango y la bulería. Cuando es representada por artistas flamencas, presenta en el baile un predominio manifiesto de lo gitano (energía vital, pasión, movimientos violentos) sobre lo andaluz (punteados, movimientos armónicos, gracia), y contiene un gran número de desplantes y movimientos convulsivos y de torsión. La rumba flamenca tradicional ha seguido siendo el territorio de la bailaora que suele bailar sola. El compás es de cuatro tiempos:















'Rosa la china': pilar del teatro vernáculo

OLGA CONNOR
Especial/El Nuevo Herald

Cuando oímos el nombre de Ernesto Lecuona pensamos enseguida en la canción romántica o en la danza maravillosa, y poco nos acordamos de que fue un compositor de cuerpo entero, muy atento a la vibración popular. Como uno de los pilares del teatro lírico cubano, Lecuona lo mantuvo vivo con sus zarzuelas, entre otras: La plaza de la Catedral, Cuando La Habana era inglesa, El cafetal, María la O y Rosa la china.

La bellísima romanza de Rosa la china recorrió el mundo, porque Lecuona comenzó sus giras en 1924, yendo primero a España y luego a Nueva York y París. Oscar Hijuelos, en su última novela A Simple Habana Melody, hace referencia precisamente a estos músicos cubanos en París, capaces de crear danzas como La malagueña, y de componer tanto las canciones populares como las romanzas y duetos de las zarzuelas.

Rosa la china fue recuperada en 1983 por Pro Arte Grateli, que ha tenido que pagar por conseguir los libretos y la música al piano de muchas de estas obras de Lecuona, para luego hacer las orquestaciones. Desde entonces, hace exactamente 20 años, no la habían vuelto a poner en escena. Ahora vuelve este fin de semana al Miami-Dade County Auditorium con Mabel Ledo y Bernardo Villalobos en los papeles principales y Tannia Laracuente y Jesús Brañas en los de reparto.

Lo interesante de esta pieza es que fue escrita originalmente por Gustavo Sánchez Galarraga para estrenarse en el Teatro Martí, con papeles específicos para el Negrito y el Gallego que, como saben muchos, era el dúo cómico de Alberto Garrido y Federico Piñeyro. Era un teatro de vodevil adaptado a Cuba, que se denominó allí teatro vernáculo. Con bromas y veras sobre las diferencias entre estos dos grupos raciales discriminados de negros y gallegos, hacían reír al público del teatro y luego por la radio y la televisión.

El personaje principal de Rosa la china es también reflejo de otro grupo racial, los chinos, que mezclados con los mulatos creaban una mujer bellísima, la mulata achinada, mezcla triple de negro, español y chino, que tanto se ve en Cuba. El grupo de estos personajes se encuentra en un ''solar'', sitio típico habanero que se parece en mucho a la casa de vecindad española, donde los chistes son de doble tono, y el personaje principal es una mujer sometida a un chulo, de nombre Dulzura, que aquí interpreta Luis Celeiro. El conflicto surge cuando Rosa (Ledo) se enamora del mecánico José (Villalobos), quien es retado por Dulzura a tener un duelo en ``el puente de la Lisa''.

Para aliviar el aspecto trágico de la situación, Preciosillo (Jesús Brañas), el negrito bolitero, escandaloso, sandunguero que visita el solar, papel que tenía Garrido, hace las bromas consabidas con el gallego, ahora interpretado por Sergio Doré.

Es época de carnaval, y hay comparsas con farolas y una conga sensacional, y canciones en el solar alegre y bullanguero. Brañas dice que hay mucho libreto que aprender y poca música (Garrido y Piñeyro cantaban algo, pero no mucho). ''Hago el tango Guaraguá [como el negrito Preciosillo], con Tannia Laracuente, en el papel de Greta [el original de Candita Quintana], muy movido, y luego este mismo personaje tiene que hacer un número en chino, que tiene que correr para cantarlo, de lo movido que es''. Laracuente es puertorriqueña nacida en Nueva York y ya ha estado con Grateli anteriormente. ''Los dos hacemos un número muy simpático que se llama Hollywood, a tiempo de fox trot'', continúa Brañas.

El gran dúo es entre Rosa y José. Originalmente lo interpretaron, en el Teatro Martí de La Habana, Miguel de Grandy y Elisa Altamirano. También está el terceto entre Rosa, el Negrito y el Gallego. Alfredo Munar, director musical, agregó Porque te quiero, también de Lecuona, para que se luzca más el tenor (Villalobos), cubano que reside en Nueva York, y que ya ha venido a interpretar varias zarzuelas con Grateli, entre ellas Los gavilanes y La revoltosa. Pili de la Rosa, codirectora con Martha Pérez de Pro Arte Grateli, informa que Rosa la china se estrenó en 1932. 'En aquella ocasión la orquesta la dirigió el maestro Gonzalo Roig, y como decía `tiempo actual', la hemos situado en el 48, para que siga estando el ambiente dentro de la República''.



Betsy Diaz, Soprano sings La Romanza de Rosa la China. 12/21/08
Alfredo Munar, Maestro

Eduardo Abela, Pintor



Eduardo Abela nació en 1889 y murió en 1965.

Aunque su primer trabajo fue de tabaquero manifestó una gran atracción por las artes plásticas y por ello en 1912 ingresa en la Academia de Artes Plásticas San Alejandro.

Publica dibujos humorísticos en los periódicos de La Habana. En 1925 crea su más famoso personaje El bobo que sirvió como instrumento de lucha contra la tiranía de Gerardo Machado.


Se une al trabajo de pin lenguajes artísticos más modernos y expone en la muestra de Arte Nuevo. Viaja a Europa y habita 2 años en París adquiriendo el éxito suficiente para exponer en la Galería Zak.

Guajiros (galardonada en la II Exposición Nacional de Pintura y Escultura de 1938)

El Triunfo de La Rumba

Eugenio Florit


Poeta cubano nacido en Madrid en 1903.
Hijo de padre español y madre cubana, desde temprana edad residió junto a su familia en La Habana, donde transcurrió
su formación académica y su creación literaria, convirtiéndose en uno de los autores más trascendentes de la lírica cubana.
Colaboró junto a Cintio Vitier y Eliseo Diego en varias publicaciones y actividades literarias de la Isla, hasta 1940 cuando
se trasladó a Estados Unidos donde vivió hasta su muerte en el año 2000.
Nueva York fue el escenario de casi todo su trabajo como ensayista, crítico literario y traductor. En los cursos de la Escuela
de Verano de Middlebury, en Vermont, trabó amistad con Jorge Guillén, Luis Cernuda y Pedro Salinas, ayudando a formar
a numerosos estudiantes y promoviendo actividades culturales a través del Instituto Hispánico.
De su obra se destacan «Trópico» 1930, «Conversación a mi padre» 1949, «Asonante final» y «Lo que que queda» en 1995.
Recibió en 1994 el premio Fray Luis de León, de la Universidad de Pontificia de Salamanca y el Premio Mitre, concedido por
The Hispanic Society of America, en Nueva York. En 1991, 1994 y 1995 fue uno de los tres candidatos presentados para
el Premio Cervantes de ese año por la Academia Norteamericana de la Lengua Española.
Falleció en Nueva York en el año 2000. ©





Desde la nieve convertida en agua...

Desde la nieve convertida en agua,
desde el sucio periódico sin dueño,
desde la niebla, desde el tren hundido
con sus cientos de manos que buscan asidero;
desde la fantasía de los anuncios luminosos
y el ruido sin piedad de las bombas de incendio;
desde la noche que nos cae encima
-losa de cielo sin estrellas-;
desde cada momento perdido entre las calles
donde todos los solos del mundo pasan desconocidos;
desde el árbol sin hojas y el camino sin gente,
otra vez, como ayer, como mañana,
acaso ya como todos los días que vendrán, si es que vienen,
entro al silencio.

martes, 19 de octubre de 2010

DESDE PUENTE INFORMATIVO

De Angélica Mora

DE LO SUBLIME A LO RIDÍCULO. UNA HISTORIA PERSONAL

MartaBeatrizRoque
19-10-2010.
Martha Beatriz Roque Cabello
Ex Prisionera de Conciencia de la Causa de los 75
Desde hace varios meses la cuenta de la electricidad de mi casa tiene cifras demasiado altas, muy por encima de mi consumo promedio.
El mes pasado le pedí al cobrador que viera eso y me dijo que tenía que solicitar un inspector, pues él no era quien tomaba las cifras del reloj.

Por casualidad un inspector estuvo en el apartamento (2) al lado de mi casa y me dirigí a él, me aseguró que a la semana siguiente se pondría en contacto conmigo para ver que estaba pasando con el reloj, pero no acudió a la cita prometida.

En vistas de que no se había podido solucionar el problema, le pedí a una comunicadora comunitaria que vive frente a las oficinas de la Empresa Eléctrica en el municipio 10 de Octubre que fuera a solicitarme la presencia del inspector. A mí me queda bastante lejos de la casa.

Cuando la comunicadora llegó a las oficinas, sitas en calle Enamorados esquina a Rabí, Santos Suárez, municipio 10 de Octubre, un funcionario nombrado Nivaldo, buscó en la computadora mi nombre para dejar plasmada la solicitud. Después que abrió la página dijo. Uhmmmmm!..., ella preguntó qué pasaba y él contestó que era verdad que el consumo había aumentado, pero que yo estaba marcada como “contrarrevolucionaria” y que ningún inspector podía ir solo a mi casa, que había que llamar a la Seguridad del Estado para que lo acompañara, por lo tanto, yo debía ir personalmente a hacer la solicitud de la inspección.

Esto es casi una historia para no creer, pero tiene como moraleja que algunos de los disidentes en el país estamos controlados de forma eléctrica.

Renee Barrios







ORLANDO GONZALEZ ESTEVA: René Touzet, a cuatro manos


René Touzet, a cuatro manos



POR ORLANDO GONZALEZ ESTEVA


Si René Touzet hubiera tenido tres piernas y tres pies habría sido un piano de cola, un gran piano. Quien lo veía sentarse a uno, alto, grave, vestido de negro, veía a un piano sentarse a otro. Juntos parecían dar origen a una nueva criatura, a una criatura doble, de cinco piernas y cinco pies.
René extendía los brazos, abría las manos gigantes, dejaba que sus dedos gotearan sobre el teclado o rebotaran en él, y uno no sabía quién tocaba a quién, si el piano tocaba a René o René tocaba el piano; dónde comenzaba uno y dónde terminaba el otro, porque cada uno parecía prolongarse en el piano que tenía delante, como si ambos, lejos de pertenecer a naturalezas distintas, integraran una sola naturaleza asomada al espejo, un espejo en el que era difícil adivinar quién era reflejo de quién. “Dos patrias tengo yo, Cuba y la noche,/ ¿o son una las dos?”, se preguntaba José Martí. René y su piano eran uno, y cada uno tenía su patria en el otro.

El deleite de tocar, además, era mutuo, aunque a veces parecieran reñir: René no era fácil; ningún piano lo es. Pero, gemelos al fin, ninguno podía vivir sin el otro. Cuando René se levantaba de la banqueta del piano, el piano, triste, bajaba la cabeza, parecía apocarse; cuando René se sentaba a él, el piano, feliz, la levantaba, y hasta levantaba la cola, como los gatos cuando el dueño, amoroso, les acaricia el espinazo.

René se asomaba al atril brillante de su piano y el piano se asomaba a los ojos de René, pero ninguno de los dos veía al piano opuesto, ambos se veían a sí mismos: tanto se parecían. René suponía que la blancura de algunas teclas era un reflejo de la pechera de su camisa; el piano suponía que la blancura de la pechera de René era un espejismo creado por la blancura y el brillo de su propio teclado.

Y cada uno componía para el otro: René para el piano y el piano para René. A veces bastaba que uno se sentara al otro para que cualquiera de los dos empezara a tocar y, tocando, encontrara una nueva composición. La mayor alegría de cada uno era que su alter ego lo escuchara: el piano a René; René al piano. René le entregaba una pieza al piano y éste, inmediatamente, se hacía eco de ella; el piano le entregaba una pieza a René y éste no tardaba en recogerla en hojas de papel pautado y compartirla con familiares y amigos. Tocar a cuatro manos (las dos de René y las dos que René veía reflejadas en el barniz del piano) era una fiesta para ambos.

Cuando René ponía las plantas de los pies en los pedales del piano, y el piano ponía los pedales en las plantas de los pies de René, ambos descubrían que no compartían el mismo número de calzado, pero eso no impedía que se pusieran a jugar –los pies contra los pedales, los pedales contra los pies– ni que, diariamente, juntaran pies y pedales a ver si ya calzaban el mismo número. Al piano le quedaron siempre grandes los zapatos de René; a René, apretados los zapatos del piano.
Época hubo en que los lentes del músico lucían una gruesa armadura de pasta negra. Era la armadura de un piano en miniatura cuyo mecanismo era el cerebro de René, quien sólo al sonreír de oreja a oreja mostraba un teclado. Las mujeres que besaron a René tocaban el piano.
René era un piano estilizado, un piano que al deshacerse de una pierna y de un pie, y sólo conservar dos de cada uno, había podido humanizarse, incorporarse y andar solo, sin necesidad de recurrir a gente que lo llevara y lo trajera; un piano que dirigía orquestas y conducía automóviles; vestía guayabera y amaba el béisbol; un piano que saboreaba martinis y tenía mujer.
Admiraba el arte de Ignacio Villa (Bola de Nieve). Ahora comprendo que, aun muerto Bola, debieron tocar mucho a seis manos; que René descubrió en los bemoles y sostenidos del piano, los desaparecidos dedos negros de su colega. Eran los dedos de René, los de Bola y los del piano que ambos tocaban los que tocaban cuando René se sentaba al piano y veía unos dedos, tan reales como los suyos, frente a los suyos, ir y venir con los de él en absoluta sincronía.
Nada más parecido a un piano de cola negro que la noche. La noche es el gran piano del mundo. Un piano que alguien transporta delicadamente para que todos puedan asomarse a él; tocarlo sin despertar a otros. Los primeros españoles que arribaron a Cuba descubrieron que la noche se les había adelantado, y con la noche, la música. Cristóbal Colón reseña en su diario un concierto al aire libre, ofrecido por los grillos de la isla, la noche del 29 de octubre de 1492; un concierto, según palabras del propio Almirante, con el que se holgaron todos. René auscultaba la noche y admitía la capacidad de ésta para sorprenderle; era, a su manera, otro explorador, y lo reconocía: “La noche de anoche,/ ¡qué noche la de anoche!/ ¡Tantas cosas de momento sucedieron/ que me confundieron!” Gran Almirante de la música de Cuba, sabía que componer era zarpar en busca de lo desconocido.
Un piano es una caja; un hombre, también. Lo que en uno es cuerda, en el otro es fibra. Quien mira por dentro un piano ve un hombre: nervios, tendones, músculos... En el velorio de René no vi un féretro sino un piano, un piano al que habían cerrado la tapa y rodeado de flores; una noche rectangular, sólida, hecha a la medida de quien hospedaba. René, dentro de esa noche, era un piano dentro de otro piano, y el silencio –maestro de maestros– el único pianista. ~



Instrumental: Percy Faith






Atributos Cubanos


La Palma Real, El Tocororo y La Mariposa

From the album:
De Cuba bella by Maria Jerez Jerez


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